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Apatía, lucha y cómo España cambió su vida: habla Carlos Rivera, el último gran ídolo mexicano

Apatía, lucha y cómo España cambió su vida: habla Carlos Rivera, el último gran ídolo mexicano

Los éxitos de Carlos Rivera superan los 70 millones de reproducciones en YouTube. Cortesía

Agencias

Ciudad de México | 3 de junio de 2020


“¿Pero qué más puedo hacer?”, se pregunta insistente Carlos Rivera (Huamantla, 1986). Sentado en una silla del estudio improvisado que ha montado en su hogar, y ante una cámara que ofrece de él un plano ligeramente picado, el cantante mexicano expresa su impotencia por convertir en tangible lo anhelado en una situación crítica. En el momento de la entrevista, México sufre el número más alto de contagios y fallecimientos desde el inicio de la crisis del coronavirus. Mientras celebra el proceso de desescalada en España, que abandonó pocas horas antes de la declaración del estado de alarma en plena gira promocional, esta “flor en el desierto” de la balada latina le canta ahora a la esperanza y a la resiliencia, dos cualidades clave en su carrera.

Después de ganar un concurso de televisión siendo apenas un adolescente, pasó siete años defenestrado de la industria hasta que el papel de Simba, en la producción madrileña del musical El Rey León, le dio una nueva oportunidad. Después llegaría una meteórica carrera en solitario y sencillos que hoy superan los 70 millones de reproducciones en YouTube. Con el más reciente, Ya pasará, Rivera donará todos sus ingresos a la ONG Save The Children para tratar de ayudar a cien mil niños cuyas vidas se han visto golpeadas por la pandemia. E insiste: “¿Pero qué más?”.

Cantas, “Ya pasará la tempestad, traerá la calma y lo que hoy duele sanará”. ¿Qué hacemos para que sane lo antes posible? Tener esperanza, porque todo pasa. Lo bueno y lo malo. Y esto no puede ser la excepción. Hay que sacarle el mayor provecho posible a lo que estamos viviendo. Yo, a pesar de que canto y compongo, no sabía tocar al guitarra y estoy dando clases por Internet.


¿Has sentido impotencia estas semanas? Absolutamente. Tengo familiares trabajando en hospitales públicos, nos contaron lo que venía y que no tenían con qué protegerse. Donamos material sanitario y 15.000 mascarillas. A unos les tocaron mil, a otros 800, pero llega un punto en el que ya no puedes hacer más. Con mis músicos igual, me han cancelado más de 30 conciertos. Hice un fondo de ayuda y mi compañía lo duplicó, pero toda ayuda es insuficiente porque no sabes cuándo vas a volver a trabajar. La frustración es enorme.

¿El confinamiento es una época prolífica creativamente hablando? Fue un proceso. El primer mes tuve una apatía tremenda, no quería ver a nadie. Todo el mundo hacía directos en Instagram y yo me negaba. Luego me dije que no podía pasar la vida así, monté un estudio para poder grabar y la parte creativa comenzó a funcionar.


El 99% de los éxitos en Spotify en España y Latinoamérica son canciones de reggaetón o trap. ¿Cómo se hace uno hueco con la balada? Soy una flor del desierto. En México, por ejemplo, difícilmente hay espacio para que crezcan artistas como Vanesa Martín o Manuel Carrasco en España. Mi apuesta es hacer música que sea atemporal. Mientras exista el amor la gente va a querer seguir escuchando estas canciones.


¿Qué cualidades debería tener un galán en el contexto de la nueva masculinidad? No he pensado en ello, pero es imperativo que visibilice y se acepte la diversidad cultural y sexual para que se normalicen. Antes se buscaba que todos fuésemos iguales, pero los estándares de belleza y de masculinidad han cambiado.

El éxito global de Recuérdame, de la BSO de Coco, es un ejemplo de cómo la cultura latina está abriéndose paso rompiendo arquetipos y clichés. ¿Crees que su triunfo es un desafío a la apropiación cultural histórica? Es enorme que tu voz toque una canción tan importante en el mundo, que ha significado tanto para nosotros como latinos y mexicanos. Abre paso a muchas cosas. La cultura es universal… estoy en contra de hablar de apropiación cultural, me parece absurdo.

¿Cualquiera puede cantar una ranchera entonces? Las fusiones hacen evolucionar la música. Imagínate que en los tiempos de Rocío Dúrcal se hubiera dicho que ella se apropiaba de las rancheras, cuando lo que hizo, con esa voz aflamencada, fue magia absoluta. Siempre y cuando esté bien hecho, no deberíamos perder tiempo en lo de la apropiación cultural. Cuando me hablaron de Coco tuve temor, me dije: ‘Ojalá que esto no sea como la gringada de los nachos con pico de gallo’. Afortunadamente fueron muy fieles a la tradición.


Somos testigos de un repunte racista en el mundo, por parte también de muchos políticos que tienen un gran altavoz. ¿Qué opinas de este clima y cómo podemos luchar contra él? La mayoría de los que gobiernan en el mundo hoy son los peores que nos han tocado. Es triste ver cómo han hecho de su poder la división de la gente. Habíamos avanzado mucho y otra vez nos tenemos que segregar, dividir, señalar y sentenciar. Aquí en mi país también. Es importante que no nos dejemos manipular por nadie y mucho menos por un político.

Que no se traslade a la calle esa división… Claro, porque los que perdemos somos nosotros. Un político no te va a sacar de donde estás nunca y no vale la pena pelear por sus ideales cuando él no sabe que existes y probablemente ni le importes. Hay que tener cuidado en qué es lo que elegimos defender, porque solo nos vamos a salvar entre nosotros.


¿Qué ha sido lo más duro de tu camino como cantante? Empecé mi carrera hace más de 15 años ganando un reality en México. Tenía 18 años, creía que llegarían las oportunidades y de repente... Nadie te enseña a manejar la fama: que salgas a la calle y te arranquen la camisa y a los tres meses, nada. Entre ese momento y El Rey León en España hay siete años de diferencia. Esa es la parte dura: de frustración, de incertidumbre. Pero aproveché el tiempo y di clases de canto, de interpretación, de jazz, de danza... No me preparaba para nada en específico, simplemente algo me decía que me iba a llegar la oportunidad y había que estar listo. En un momento de crisis, la diferencia es lo que uno decide hacer.


Viviste un par de años en Madrid, ¿qué tiene de especial para ti la ciudad? Estoy enamorado de ella. Me cambió la vida, me enseñó a volver a creer en mí. Te abraza y te acoge como si fueras de allí. Voy a Madrid y sé que estoy en mi casa. Y no soy el único, lo dice muchísima gente que llega de fuera para cumplir su sueño. El dolor que ahora sienten los madrileños se siente aquí también.

¿Has seguido las noticias de lo que estaba pasando en España? Vi cómo se transformó en una película de terror; y el otro lado, el de la unión y los aplausos en los balcones, que nos emocionaron mucho. En algunas cosas fueron muy buenas lecciones para los países que empezamos un poco más tarde. Pero sí, es terrible. Como decía Alejandro Sanz, “no son números, son personas”, y eso no debemos olvidarlo nunca. Esto no puede ser en vano, los que tenemos un plato en la mesa tenemos que ayudar y de ahí nace Ya pasará.

Aseguras que eras un niño solitario, un bicho raro que se refugiaba en la música. ¿Cómo te llevas hoy con ese niño? Trato de cuidarlo mucho. Era solitario porque mis sueños estaban tan lejos de la realidad que nadie me entendía, ni mi familia. Pero hay que creer en uno mismo, aunque nadie más lo haga. Suena trillado, pero sigo diciéndolo porque a la gente se le está olvidando.

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